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Lo que los mejores líderes hacen durante sus primeros 90 días

    He visto ejecutivos brillantes fracasar en organizaciones donde, sobre el papel, parecían encajar perfectamente.

    También he visto líderes que llegaron sin hacer ruido, dedicaron tiempo a entender el negocio y terminaron generando transformaciones extraordinarias.

    La diferencia rara vez estuvo en su experiencia, su currículum o sus conocimientos técnicos.

    La diferencia estuvo en cómo gestionaron sus primeros 90 días.

    Cuando una empresa incorpora a un gerente, director o ejecutivo senior, no está contratando únicamente conocimientos. Está incorporando una nueva forma de pensar, decidir y liderar.

    Y ahí aparece el primer desafío.

    Muchas veces asumimos que nos contrataron para ejecutar cambios inmediatos. Sin embargo, los líderes que generan mayor impacto entienden algo distinto: antes de transformar una organización, necesitan comprenderla.

    Los primeros meses no son una prueba de velocidad.

    Son una prueba de criterio.


    El peligro de confiar demasiado en lo que funcionó antes

    Existe una trampa frecuente en las transiciones de liderazgo.

    Creer que la fórmula que nos hizo exitosos en una empresa funcionará exactamente igual en la siguiente.

    Es comprensible.

    Todos tendemos a confiar en aquello que nos dio resultados.

    Pero cada organización tiene dinámicas distintas, ritmos distintos y formas distintas de construir confianza.

    He visto ejecutivos llegar con la intención de replicar modelos que funcionaron perfectamente en su experiencia anterior.

    En algunos casos, los resultados fueron inmediatos.

    En muchos otros, generaron resistencia.

    No porque las ideas fueran malas.

    Porque llegaron antes de entender el contexto.

    Los líderes más efectivos hacen algo que parece simple, pero requiere mucha disciplina: preguntan más de lo que afirman.

    Escuchan más de lo que proponen.

    Observan antes de intervenir.

    Entienden que aprender rápido genera más credibilidad que aparentar tener todas las respuestas.

    La urgencia por demostrar valor puede convertirse en un problema

    Cuando una empresa incorpora un líder senior, existe una expectativa natural de resultados.

    El propio ejecutivo también siente presión.

    Quiere demostrar que fue una buena contratación.

    Quiere generar impacto.

    Quiere justificar la confianza depositada en él.

    El problema aparece cuando esa necesidad de mostrar resultados acelera decisiones que todavía no cuentan con suficiente información.

    Los mejores líderes entienden que generar valor no significa actuar rápido.

    Significa actuar en el momento correcto.

    Durante los primeros meses suelen concentrarse en tres objetivos:

    • Entender cómo se toman realmente las decisiones.
    • Identificar los principales obstáculos del negocio.
    • Construir relaciones de confianza con las personas clave.

    Ese trabajo puede parecer menos visible que lanzar una gran iniciativa.

    Pero suele ser mucho más determinante para los resultados futuros.


    Antes de ejecutar, hay que posicionarse

    Muchos ejecutivos llegan convencidos de que deben liderar desde el primer día.

    En realidad, los líderes más efectivos dedican una parte importante de sus primeros meses a construir legitimidad.

    Porque una cosa es tener autoridad formal. Otra muy distinta es tener influencia real.

    La autoridad viene con el cargo. La influencia se gana.

    Y se gana entendiendo a las personas.

    • ¿Quiénes influyen en las decisiones?
    • ¿Quiénes son referentes informales?
    • ¿Quiénes han construido credibilidad dentro de la organización?
    • ¿Dónde están las resistencias que nadie menciona abiertamente?

    Las respuestas a estas preguntas suelen ser más valiosas que cualquier organigrama.

    Cuando un líder comprende estas dinámicas, sus decisiones tienen mucha más probabilidad de prosperar.

    Cuando las ignora, incluso las mejores iniciativas encuentran obstáculos.

    El riesgo del rechazo silencioso

    Uno de los errores más costosos es asumir que la ausencia de conflicto significa alineamiento.

    No siempre es así.

    En muchas organizaciones, la resistencia no se expresa de manera abierta.

    Las reuniones terminan bien.

    Todos parecen estar de acuerdo.

    Las propuestas reciben comentarios positivos. Pero las decisiones simplemente no avanzan.

    Los proyectos se retrasan.

    Las prioridades cambian.

    Las conversaciones se diluyen.

    Es una situación que he observado más de una vez en procesos de sucesión y contratación ejecutiva.

    Nadie se opone frontalmente. Simplemente desaparece el compromiso.

    Por eso los primeros meses deben servir para construir alianzas genuinas y no únicamente para presentar planes.

    Las organizaciones cambian cuando las personas deciden apoyar el cambio.

    No cuando reciben una orden.

    Las conversaciones que definen una transición exitosa

    Muchos líderes dedican más tiempo a preparar una presentación que a alinear expectativas con su jefe directo.

    Y suele ser un error.

    Una transición exitosa requiere conversaciones claras desde el inicio.

    Conversaciones sobre prioridades.

    • Sobre expectativas.
    • Sobre recursos.
    • Sobre indicadores de éxito.
    • Sobre la forma en que ambas partes trabajarán juntas.

    Cuando estas conversaciones no ocurren, aparecen interpretaciones distintas sobre lo que significa tener éxito.

    Y cuando las expectativas son distintas, la frustración llega rápidamente.

    Los líderes más efectivos no esperan que estas definiciones aparezcan de forma natural.

    Las impulsan desde el primer día.


    De resolver problemas a construir sistemas

    Hay otro cambio importante que suele marcar la diferencia entre un buen ejecutivo y un gran ejecutivo.

    Dejar de ser el héroe que resuelve problemas personalmente.

    Y convertirse en la persona que construye sistemas capaces de resolverlos de manera consistente.

    A medida que un líder asume responsabilidades mayores, su impacto ya no depende de lo que hace directamente.

    Depende de lo que logra que la organización haga sin su intervención permanente.

    Por eso los mejores líderes dedican sus primeros meses a entender procesos, equipos, capacidades y estructuras.

    Buscan construir mecanismos que generen resultados sostenibles.

    No soluciones temporales.

    Su objetivo no es volverse indispensables.

    Es crear organizaciones que funcionen mejor gracias a su liderazgo.

    Los primeros 90 días son una inversión, no una formalidad

    Después de años entrevistando y evaluando ejecutivos, he llegado a una conclusión simple.

    Los primeros 90 días rara vez determinan si un líder es competente.

    Lo que realmente determinan es si tendrá la oportunidad de demostrarlo.

    Porque en ese periodo se construyen las relaciones, la credibilidad y la comprensión del contexto que permitirán ejecutar después.

    Los líderes que fracasan suelen apresurarse a cambiar el sistema.

    Los que generan impacto primero se esfuerzan por entenderlo.

    La pregunta que todo ejecutivo debería hacerse al iniciar una nueva posición no es:

    «¿Qué cambios voy a implementar?»

    La pregunta correcta es:

    «¿Qué necesito comprender para que esos cambios realmente funcionen?»